
La madrugada del martes 10 de marzo quedó marcada por el miedo y la indignación para una familia que transitaba por la autopista Puebla-Orizaba. Lo que comenzó como un viaje rutinario se convirtió en una pesadilla cuando, a la altura del municipio de Amozoc, una patrulla con luces intermitentes les obligó a detenerse. Bartolo, conductor de una camioneta Suburban y acompañado por su esposa Margarita, pensó inicialmente que se trataba de un control vehicular común. Sin embargo, la realidad fue muy distinta.
Al detenerse por completo, los supuestos agentes se acercaron al vehículo. Fue entonces cuando la pareja comprendió que no estaban frente a autoridades, sino ante un grupo de delincuentes. Los falsos policías, armados con rifles de alto calibre, se identificaron sin rodeos como integrantes del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Con amenazas y violencia, despojaron a la familia de 58 mil pesos en efectivo y de sus teléfonos celulares. Tras cometer el robo, los criminales huyeron en dirección desconocida, dejando a las víctimas en estado de shock.
Sin perder tiempo, Bartolo y Margarita se dirigieron a la caseta de cobro de Amozoc para solicitar ayuda. Allí, las autoridades estatales tomaron su declaración, en la que detallaron cómo operaron los asaltantes. Según su testimonio, el vehículo utilizado por los delincuentes era una patrulla negra con luces estroboscópicas, similar a las que usan las corporaciones de seguridad. De la unidad descendieron cuatro sujetos, aunque en el interior permanecía un quinto hombre, cuya identidad y papel en el atraco aún no están claros: no se sabe si era otro cómplice o una posible víctima retenida contra su voluntad.
Este no es un caso aislado. Días antes, otra familia había sufrido una experiencia igual de aterradora en el mismo tramo carretero. Cerca de las 8:30 de la noche, a solo un kilómetro de la caseta de Amozoc, una falsa patrulla de la Guardia Nacional los interceptó. En esa ocasión, los delincuentes no solo se llevaron dinero y objetos de valor, sino también el vehículo de las víctimas, un Jetta blanco, junto con documentos personales que podrían ser utilizados para extorsiones o robos posteriores.
Estos hechos ponen en evidencia un patrón preocupante: grupos del crimen organizado están utilizando uniformes y vehículos oficiales para cometer asaltos con mayor impunidad. La similitud en el modus operandi —falsas revisiones, uso de armas largas y la suplantación de autoridades— refleja una estrategia calculada para infundir miedo y aprovecharse de la confianza que los ciudadanos depositan en las instituciones. Mientras las autoridades investigan, los conductores que transitan por esta ruta permanecen en alerta, conscientes de que un simple alto en el camino podría convertirse en una trampa mortal.

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